domingo, 6 de noviembre de 2011

El Dios en el que yo creo.


También conocido como: El por qué mi Dios es mejor que el de los demás.



Porque tarde o temprano, en un blog de la portentosa calidad que este tiene, en algún momento se tiene que hablar sobre religión, espiritualidad y/o Dios. En realidad creo que es algo que la gente no puede evitar por más que lo intente, pues tarde o temprano sale a relucir cual botella con mensaje de náufragos flota por sí misma en la inmensidad del mar; ya sea por morbo, ya sea por creencias o simplemente la mera curiosidad es un tópico que en un momento u otro a las personas le empieza a interesar.

Últimamente he puesto más atención de la que suelo prestar a situaciones que ocurren a mi alrededor de manera casual, sobre todo a esas manifestaciones exageradas que las personas –de manera un tanto descuidada- suele hacer por internet vía redes sociales. He visto con sorpresa que mucha gente aún en estos días suele tener una visión de a lo que sea que llamen Dios un tanto obnubilada, ciega y sin razón, pues tienen desgraciadamente esa fea maña de atribuir ciertas condiciones azarosas, lógicas, consecuentes o incluso explicables a un ser sobre natural al que afirman no conocer, no entender, y sin embargo aseveran que es el responsable de todo lo que les ocurre –Si contáramos cuantas contradicciones per se suele cometer esta parte de la población, necesitaríamos más dedos que patas un ciempiés.-

Aclaro desde el ya que yo respeto toda creencia, religión o culto que la gente tenga, pero amparado en la libertad de expresión –así como en mi enorme polla- tengo derecho a replicar todas esas cosas que encuentro simplemente inconcebibles a partir de comparar al dios en el que una buena parte de la gente cree con el machísimo y testicular Dios en el que creo yo.

Mi Dios es sumamente genial, de cojones y de carácter recio, sencillamente es un hijo de puta. Es de los que deja convivir a musulmanes, judíos y cristianos por igual, pues le importa un carajo si la gente le reza a la madera, a una piedra o a una imagen en una estampa colorida pegada en el cofre de un Volkswagen, y es que por supuesto el Dios en el que yo confío comprende a la perfección la libertad de albedrío.

Además de eso, a mi Dios le importa un sorbete la preferencia sexual de la gente: Ese cabrón no le interesa si te gusta la venosa en proporciones astronómicas o si prefieres rajada al por mayor, tampoco si te gustan los ancianos o los perros, para él tú puedes meter el pito y usar tu vagina como a ti se te dé la gana. Eso sí, a mi Dios no le gusta que nadie abuse de la gente cualquiera que sea su condición, aunque el hecho de que algo NO LE GUSTE no significa que lo va a detener, pues para él la experiencia tiene muchos colores, caras y formas, y a diferencia mía, él tiene fe en la humanidad y considera que ésta podrá aprovechar cada una de estas situaciones, por más adversas y mierdosas que parezcan.

Ahora, no todo es miel sobre hojuelas con este tremendo cabrón, pues como dije también tiene lo suyo. A él no le gusta que le echen la culpa de todo, pues entre ocuparse en desviar lluvias de meteoritos para salvar a galaxias enteras de una destrucción peor que la sufrida por la reputación de Metallica y la pucha de Courtney Love y hacerse pajas majestuosamente divinas –Imagínense qué tan grande es él, que para llevarse la mano de la punta del glande a la base del pito le lleva 10 minutos- podrán entender lo molesto que debe resultar que además de todo eso, ustedes le atribuyan que él es el responsable de que les vaya mal con la chica que no los pela, que su novio sea un papanatas, que no encuentren trabajo o que tienen profesores que los violan psicológicamente. Eso es porque no tienen un gramo de carácter, no por cuanta explicación metafísica y ajena a ustedes quieran encontrar.

¿Saben qué es lo que me gusta más de él? Que no es un morboso fisgón y criticón como todos los otros dioses, este es más relajado, más chabacano, menos prejuicioso y además les da libertad de verdad. Cuando éste cabrón llega a la fiesta anual con motivo de la celebración de todos los dioses donde Yahveh, Siddhartha, Zeus, Odín, Alá entre muchos otros se reúnen, él se queda en una mesa tomando Coca-Cola y mirando como todos los demás se quejan de que sus creyentes no los alaban lo suficiente, que no han desvirgado suficientes niños esta temporada, que no han matado a tantos infieles partidarios de cualquier otro, mientras él, reclinando en su silla, disfruta de buena música en su IGod.

Además de todo eso, el tipo es simpatiquísimo. A él le importa mucho menos que a mí lo que los demás opinan de él. No se mortifica en lo absoluto cuando la gente le echa la culpa de que sus parientes o seres amadas murieron o están a punto de morir, no hace mueca de molestia cuando ustedes lo tachan de injusto y vengativo, ni siquiera niega con la cabeza cuando ustedes lo quieren acusar de sus fracasos y derrotas. Así mismo, no se vanagloria cuando ustedes le dicen que gracias a él lograron sus objetivos, jamás se siente orgulloso cuando alguien dice que es por él que siguen adelante, y mucho menos anda fanfarroneando con los demás chicos del barrio cada vez que ustedes dicen o escriben ‘gracias a Dios’; la única manera en la que a él le gusta que lo citen, es cuando están teniendo un orgasmo –Ejemplos: ‘Oh Dios mío, que rico’, ‘Oh Dios, me vengo’, le encanta que disfruten de su vida sexual-. Recuerden que él creó la vida y les dio la oportunidad de hacerla y deshacerla según las capacidades que hayan desarrollado, pues además de mí –obviamente, pues de ser diferente, no tendría yo esta gallardía suprema que poseo-, el Dios del que les hablo no tiene favoritos.

Finalmente, el Dios en el que yo creo no me ayuda ni me estorba en nada. No está ahí cuidándome las nalgas para decirme si lo que estoy haciendo está bien o está mal, nunca permitiría que su rostro estuviera en imágenes, fotos o sabri-tazos para que los demás adularan a un pedazo de materia inerte; a él tampoco le molesta si creemos en la ciencia o en la religión, mientras seamos felices con lo que hacemos. Pero eso sí, tengan por seguro que a él le molestan –y a cualquier persona con dos dedos de frente y un poco de buen gusto- las estudiantinas pedorras y los canticos mierdosos que entonan aburridas letras sin ton ni son, pues prefiere que si en nuestra distorsionada, extremista y confundida mente creemos que él quiere que le chupemos el pito metafóricamente, lo hagamos con clase y honor, es decir haciendo las cosas que nos gustan disfrutando de ellas sin perjudicar adrede a nadie más.

En fin, éste es el Dios en el que yo creo, siéntanse libres de compartir o no mi creencia, pues tanto a él como a mí, nos importa un sorbete en lo que crean.

3 comentarios:

  1. Arcángel Working:

    pues tienen desgraciadamente esa fea maña de de atribuir.

    Ahora el comentario:

    Pero no dices como se llama, ni dónde venden su imagen D=

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  2. Thanks :D

    Lo otro: El Dios en el que yo creo es tan humilde, que ni siquiera le interesa que sepan cómo se llama.

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  3. Después de ésto...
    Que vergüenza no tener oración para morder,
    no tener fe para clavar las uñas
    no tener más que la noche
    saber que Dios se muere, se resbala,
    se masturba, se alegra...

    Sólo a ti se te ocurre.

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